domingo, 14 de mayo de 2017

Juegos prohibidos en la Vitoria medieval.

Demasiado influidos por el cine y la televisión, a menudo solemos imaginarnos la Edad Media como una época de caos y desorden, una época en la que enfermedades, guerras y suciedad campan a sus anchas. Debemos matizar sin embargo que, incluso en el Medioevo -y sobre todo en las ciudades-, se hicieron notables esfuerzos por favorecer la convivencia entre vecinos; un buen ejemplo de ello lo tenemos en las propias ordenanzas municipales de Vitoria del año 1487 (las más antiguas de que tenemos conocimiento, aunque sabemos que existieron otras aún anteriores).


Juego de naipes (fuente: Quora)

Parecidas a las actuales, estas primitivas ordenanzas no dejaban de ser una suerte de leyes municipales que tocaban aspectos muy variados como, por ejemplo, el orden público, la limpieza de las calles, la de los caños, el mantenimiento de las murallas, las prácticas funerarias, o los precios de los productos que se vendían en el mercado entre otros muchos temas. Por lo general, las ordenanzas las iba creando el concejo de Vitoria según se iban necesitando, lo que provocaba que -al ponerlas por escrito- se produjese un cierto desorden; unas quedaban registradas por aquí y otras por allá. Es por esto que una de las particularidades de estas ordenanzas de 1487, consistió precisamente en que, por primera vez, todas quedaban copiadas y recopiladas en un único cuaderno; de esta forma eran más fáciles de consultar, y se dificultaba que alguien pudiera alegar desconocimiento en su cumplimiento.

Este cuaderno de 1487 contiene unas 170 ordenanzas, un conjunto de leyes imprescindible si queremos conocer cómo era la vida cotidiana de los vitorianos a finales de la Edad Media. Su contenido es tan curioso que si os parece le de voy a dedicar una serie de posts (no necesariamente correlativos) para poder ir desglosándolas y explicándolas una a una.


Jugando a dados (Jean de Naulèon, 1524).

Empiezo ya directamente por la primera [1], no sin antes advertir que he adaptado un poco el lenguaje de su castellano antiguo con objeto de facilitaros la lectura. Dice así: “Primeramente, ordenaron y mandaron que de aquí en adelante ninguno en esta ciudad se atreva a decir en manera alguna ‘pese a Dios’, ni ‘no creo en Dios’, ni ‘no hay poder en Dios’, ni ‘descreo de Dios’, ni ‘reniego de Dios’ ni de Nuestra Señora Santa María, su madre, ni de los Santos...".

Como podéis ver, las ordenanzas empiezan prohibiendo decir tacos, especialmente cuando estos incluyen referencias a Dios o a los santos, ¿y cuál era la pena por blasfemar? Pues dice la misma ordenanza: "...bajo pena de 24 maravedís, los cuales se entregarán a la iglesia de donde sea parroquiano el blasfemo. Y que cualquier persona que se hallase presente, supusiese lo que ha sucedido y callare y no lo manifestare, incurra en la misma pena.". Para que os hagáis una idea 24 maravedís era aproximadamente el precio al que te podían vender un par de gallinas en la plaza del mercado.


Jugando a dados en una taberna (Cantigas de Alfonso X).

No era ésa -ni de lejos- una pena severa. Bastante peor era la que te podían imponer por cuestión de juego. Ésto es justo de lo que habla la segunda ordenanza [2]: “Otrosi, ordenaron y mandaron que ningún vecino de esta ciudad y su jurisdicción, no se atreva a jugar a ningún juego bajo pena de que cada uno de los jugadores pague 200 maravedís y nueve días en la cadena...". Nueve días 'en la cadena' significaba nueve días de cárcel, pero la cosa podía empeorar si reincidías, fijaos lo que sigue diciendo:"...y por la segunda vez que alguien lo haga, pague el doble, y por la tercera sea desterrado un año de la ciudad...". Sí, ¡podían llegar a desterrarte!

Parece que los lugares más habituales para jugar eran los mesones. Sin embargo, debían existir también 'casas de juego', casas de vecindario aparentemente normales por fuera, pero que en su interior albergaban este tipo de prácticas ilegales. Eso es al menos lo que se deduce de la última parte de esta segunda ordenanza que dice: "...y que el propietario de la casa donde tuviese lugar el juego que pague -la primera vez- 400 maravedís de pena, la segunda el doble y por la tercera 2000 maravedís y que sea desterrado durante un año...". En cuanto al destino del dinero recaudado en concepto de pena por juego, el texto sigue diciendo: "...que una tercera parte del dinero recaudado como pena sea para el acusador, otra para el mantenimiento de las calzadas de la ciudad, y otra para el Justicia..". Ahora bien, si no había casi gente que supiera leer, ni se podían imprimir anuncios porque no había llegado la imprenta, ¿cómo se hacía para que todos los vitorianos conociesen a qué se arriesgaban cuando jugaban ilegalmente? Lógicamente funcionaba el boca a boca, pero además estaba el pregonero. Es por ello que esta segunda ordenanza termina diciendo: "...que el merino haga pregonar esta orden por los lugares acostumbrados de la ciudad.”.


Jugando al ajedrez (Ludus scacchórum)

Para el que no lo sepa, el 'merino' de que se habla, era uno de los miembros de la llamaba la Justicia del lugar. Esta Justicia habitualmente la encabezan dos figuras; por un lado, estaba el 'alcalde', que -a diferencia de la actualidad- entonces era más como un juez; por otro, estaba el citado 'merino' que era por así decir el brazo ejecutor de esa Justicia, el encargado de tramitar las citaciones, efectuar los embargos, de organizar los ajusticiamientos, etc.

La tercera ordenanza [3] parece que se introdujo como una enmienda de la anterior. Lo digo porque ésta ya no prohíbe totalmente el juego, sino que sólo pone un máximo al dinero que se puede apostar diariamente. Fijaos lo que dice: “Otrosí, acordaron y mandaron que cada vecino pueda jugar un máximo de un real de plata al día, y que el que supere tal cantidad incurra en las penas anteriormente indicadas.” (un real de plata equivalía a unos 31 maravedís con los que se podía comprar casi tres gallinas en el mercado de Vitoria).

El ajedrez también era un juego en el que se apostaba.

Gracias a la cuarta ordenanza [4] sabemos a qué tipo juegos se jugaba: “Otrosí, ordenaron y mandaron, que cuando se juega a los dados, a las tablas, a los naipes, al ajedrez y a otros juegos, tanto los vecinos de la ciudad como los forasteros, tienen la costumbre de apostar algunas prendas lo cual está prohibido y por ello que la Justicia obligue a la devolución de las apuestas del ganador al perdedor, bajo pena de multa impuesta por el Alcalde”. Por si acaso antes no lo teníamos claro, aquí ya es evidente que el problema del juego era más bien un problema con las apuestas.

En efecto, ya entonces el juego era todo un negocio; de hecho, parece que los jugadores apostaban mucho más de lo que tenían, razón por la cual siempre había cerca algún prestamista. De estos nos habla precisamente la quinta ordenanza [5]: “Otrosí, porque es fama que algunos hombres malos participan en el juego sin jugar, prestando dinero a los jugadores a cambio de las prendas que estos empeñan, ordenaron y mandaron que los prestamistas devuelvan las prendas recibidas y den el dinero prestado como multa”. 


Los prestamistas 'ayudaban' a los jugadores sin suerte (detalle de 'Los cambistas', escuela d M. Van Reymerswaele)

Y ya para finalizar. Parece que en Vitoria, el domingo antes de la hora de misa mayor era uno de los momentos preferidos para jugar, si no, no se entiende el por qué esta prohibición en la sexta ordenanza [6]: “Otrosí, ordenaron, que ninguno se atreva a jugar a ningún juego los domingos -ni el resto de fiestas mandadas de guardar por la Iglesia- antes de la hora de la misa mayor, bajo pena de 60 maravedís cada vez.”. ¡Hay que ver como se las gastaban nuestros antepasados! 

martes, 2 de mayo de 2017

Nª. Sª. de Estíbaliz. Del árbol al altar.

Como arqueólogo, mi principal fuente de información son las cosas, o mejor dicho, la materialidad de las cosas. Quizá por eso cuando visito Estíbaliz no puedo evitar viajar con la imaginación a ése momento del pasado en el que la talla de la Virgen aún no había sido labrada, cuando su cuerpo aún formaba parte integral del tronco de un modesto cerezo; ¿en qué bosque creció?, ¿fue consagrado antes de talarse, o puede que para los alaveses de la Edad Media los cerezos en su conjunto tuvieran algún carácter sagrado en sí mismos (como de hecho sucede todavía en la actualidad en culturas como la japonesa)?

Aspecto actual de la talla de Nª Sª de Estíbaliz.

Esas preguntas probablemente nunca tendrán respuesta, pero puedo contaros una curiosa historia que quizá alguno no conozcáis, una historia que tiene mucho que ver con su materialidad y que nos lleva directos a finales del siglo XIX. Vamos allá.

En concreto, tenemos que remontarnos al año 1880. En esa fecha, el ilustre político e intelectual alavés Ricardo Becerro de Bengoa y unos amigos se acercaron al Estíbaliz en busca de la imagen de Nuestra Señora. No tuvieron sin embargo que ascender hasta lo alto del cerro para encontrarla, pues el templo románico que actualmente conocemos estaba en estado ruinoso, y ellos sabían que tenían que dirigir sus pasos hacia la parroquia de la vecina Villafranca. Allí -cual refugiada- encontraron la destartalada talla, en uno de los altares, "cubierta con un bordado manto de tonelete y disfrazada por completo".

Aspecto de la talla antes de la última restauración de 1984.

Con idea de devolver la imagen a su esplendor original, Ricardo y sus colegas, la trajeron a Vitoria y la depositaron en el Hospital de Santiago donde procedieron a su examen. He aquí -de su propia pluma- lo que descubrieron:

"Desnudámosla de su rico traje moderno, que ocultaba su verdadero mérito, y nos hallamos en presencia de una rara escultura del siglo XII. ¡Con qué lastima contemplamos su mutilado conjunto! La imagen es de madera, está sentada y le faltan la cabeza, las manos y el Niño que los tiene postizos. En las catástrofes sociales de nuestro siglo [se refiere principalmente a las guerras carlistas], la mano alevosa de los combatientes llegó a aquel solitario templo y arrojó a la Virgen de su altar, que fue recogida y conservada por la piedad de los vecinos de Villafranca".


Aspecto del Santuario de Estíbaliz en el año 1924


Pasarían aún algunos años hasta que en 1897 el joven escultor alavés, Lorenzo Fernández de Viana, recibiera el encargo de restaurar la talla. Sobre las circunstancias de tal labor, contamos con una carta de 1918 donde el artista nos cuenta lo siguiente: "Así pues, hice la cabeza coronada inspirándome en las imágenes de la época o al menos más próximas al período bizatino y bizantino-románico, encajándola sobre las huellas del cuello que denunciaban el arranque de su primitiva cabeza. Las manos son también nuevas y empotradas en los huecos respectivos y dándoles el aspecto inocente y algo violento, característico con la típica flor o fruta de granada abierta, a la derecha, y el antebrazo izquierdo con la mano un tanto encorvada para sostener al Niño que también se hizo nuevo."


Cabecera del Santuario de Estíbaliz en la actualidad.

De modo que según la descripción del artista ni la cabeza, ni las manos, ni el Niño son -en la actual imagen de Nª Sª de Estíbaliz- auténticas, sólo el hierático tronco de la figura es original del siglo XII. Me pregunto: ¿acaso importa? Creo que no, porque por encima de las 'cosas' está el significado que les atribuyen las sociedades que las crean... Por ello termino este post retomando la misma reflexión con que lo iniciaba, pensando en lo poco que los documentos, la historia y la arqueología nos dicen sobre cómo era el mundo espiritual de nuestros antepasados, sobre el prisma con el que veían el mundo que les rodeaba. Con todo, a pesar de las dificultades, habrá que seguir investigando...
2011 Armentia San Prudencio fiestas horario misa 
>Para saber más:
- AA.VV. (1973), Estibaliz. Fe, Historia, Arte., Vitoria-Gasteiz.
- Eguía, J. y Portilla, M. (1984), La Vírgen de Estíbaliz. Restauraciones de su imagen (1897-1984), Vitoria-Gasteiz.
- Sáenz de Buruaga, E. (1991), Historia de Estíbaliz, Vitoria-Gasteiz.

jueves, 27 de abril de 2017

Leyenda y milagros de San Prudencio

Otros años por estas fechas he aprovechado el blog para hablar -como no- de los 'Orígenes de las fiestas de San Prudencio'. Me he centrado sobre todo en la evolución del culto y celebración de San Prudencio a lo largo de la historia pero no del propio Prudencio, y eso es lo que querría hacer hoy, hablar de su vida. Una vida que tiene mucho de leyenda pero que, a decir de los investigadores, debe tener también una base de realidad bastante importante.

Estudio para cabeza de obispo (Ford Madox Brown)

Voy a tomar como referencia las llamadas 'Acta Sancti Prudentii', unas actas que se encuentran recogidas en diversos manuscritos entre los cuales, los más antiguos, pueden datarse a finales del siglo XI o durante la primera mitad del siglo XII. Vamos a ello.  

El relato de la vida de San Prudencio recogido en las actas empieza describiendo un poco de pasada cómo nuestro santo nació en Armentia en el seno de una familia distinguida. No se habla de fechas, pero si por ejemplo de que su padre se llamaba Jimeno y de que, ya de niño, Prudencio destacaba por su capacidad de memorizar y recitar las sagradas escrituras. También nos cuenta cómo el pequeño tenía la habilidad de hacer que se restableciera la paz cuando surgía alguna discordia a su alrededor (como veremos esta virtud le acompañaría a lo largo de toda su vida).

Al parecer, Prudencio dejó Armentia a los quince años. Tomó camino hacia el sur siguiendo la ribera del Ebro y el mismo día de su partida, al anochecer, se encontró con unos pastores. Se refugió con ellos y los instruyó en la fe. Cuando amaneció se dirigió a la localidad de Peñalba -en Soria- y descendió hasta llegar al Duero. En este lugar halló un molino donde pasó la siguiente noche, pero a sus oídos llegó la noticia de que no lejos de aquel lugar habitaba un famoso eremita al que quiso conocer, de modo que penas amaneció salió a su encuentro.

Sobre la cueva de San Saturio se construyó el actual santuario (Soria)

Fijaos cómo los números no salen... Quiero decir que si en dos días llegó a Soria desde Armentia, eso significaría que cada día Prudencio había sido capaz de andar unos 100 kilómetros y eso no es posible... Pero no hay nada de extraño, estas 'caminatas imposibles' cumplen una función mágica, la de mostrarnos cómo el joven tiene una capacidad inusual que está por encima del resto de los mortales. Esto era la prueba, para la gente que en la Edad Media escuchaba el relato, de que Prudencio era un elegido de Dios.

Pero continuemos donde los habíamos dejado; el eremita del que habían hablado a nuestro santo era Saturio. Sin embargo existía un problema para llegar a la cueva donde vivía, Prudencio debía cruzar el Duero y al parecer no había puente. El joven a pesar de todo, y haciendo caso omiso de las advertencias de peligro que le lanzaba Saturio desde la otra orilla, se puso a cruzar por en medio del agua. Como no, Prudencio logró llegar sano y salvo y sin ni siquiera mojarse los pies, éste era un nuevo milagro. Una vez cumplida la hazaña, el joven permaneció junto a Saturio durante siete años.

El caso es que al cabo de esos siete años Saturio muere, y es entonces cuando Prudencio decide dejar Soria y volver hacia el norte, hacia Calahorra. Curiosamente allí ya estaban advertidos de su llegada, gracias a que un ángel se había aparecido y se lo había dicho a un canónigo. Es por ello que, apenas llegado a la ciudad, a Prudencio le acogieron con los brazos abiertos y lo nombraron directamente canónigo tesorero (esto si que es 'llegar, y besar el santo').

Estudio de monje (Ford Madox Brown)

Uno de sus primeros logros en Calahorra fue conseguir que una buena parte de musulmanes de la zona se convirtieran al cristianismo. Además, gracias a sus poderes curativos, cada vez se hizo más famoso, llegando incluso el punto de que eran tantos los enfermos que lo buscaban que tuvo que huir de la ciudad riojana para buscar de nuevo tranquilidad y sosiego. ¿Y a dónde dirigió sus pasos esta vez Prudencio? Pues se fue a Tarazona, en la actual provincia de Zaragoza.

En la iglesia de Tarazona fue acogido primero como sacristán y más tarde fue nombrado arcediano. Pero por si tan rápido ascenso no hubiera sido suficiente, los cristianos de allí acabaron convirtiéndolo en su obispo, y no por casualidad. Al parecer éstos, a la muerte de su antiguo obispo, habían tenido una visión divina que les instaba a realizar ese nuevo nombramiento. Pues bien, ya en calidad de obispo de Tarazona, Prudencio tuvo que intervenir en diversos problemas eclesiásticos que se dieron por aquella región.

Uno de esos problemas tenía que ver con la localidad de Garray, cerca de Soria. Por circunstancias que serían largas de explicar, los habitantes de esta aldea fortificada hicieron enfadar a Prudencio, quien a modo de escarmiento lanzó una maldición; una plaga de garrapatas que acabo con todos ellos (va a resultar que Prudencio no era tan pacífico como lo pintan). Otro de los problemas eran las violentas disputas que enfrentaban al obispo de Burgo de Osma con los clérigos de su circunscripción. En este caso, a Prudencio le bastó ponerse en camino hacia Osma y hacer un nuevo milagro. El milagro fue que nada más entrar en la población, las campanas de la iglesia comenzaron a tañir solas sin que nadie las hiciera sonar y, como no, en vista de los poderes demostrados por Prudencio, las partes contendientes enseguida acataron la concordia que les propondría el joven obispo.

Estado actual de San Prudencio de Monte Laturce (Clavijo, La Rioja)

Desgraciadamente, al poco tiempo, allí mismo en Osma, el santo enfermó, quedando convaleciente y con fuertes fiebres de origen desconocido. Consciente de la proximidad de su muerte, Prudencio reunió a los clérigos que le habían acompañado desde Tarazona y les comunicó la noticia. Les dio además unas instrucciones muy precisas para su enterramiento. Prudencio pidió que su cuerpo fuera tendido sobre el lomo de un mulo y sepultado allí donde el animal por si sólo decidiese parar, ya que esto sucedería por voluntad divina.

Nuestro santo murió apenas pasados tres días del anuncio, pero sucedió que los clérigos de Osma no quisieron que el cuerpo del obispo saliese de su ciudad. Tuvo que suceder un nuevo milagro (que consistió en que el ataúd con el cuerpo sin vida de San Prudencio se quedó fijo en el sitio sin que nadie pudiera moverlo para enterrarlo) para que los de Osma accedieran a cumplir con los deseos originales del difunto. Entonces, lo subieron en un mulo que anduvo errabundo durante toda una jornada de camino hacia el norte, cruzó el río Leza y ascendió por una ladera rocosa, hasta que decidió pararse en una cueva que se decía 'había sido de moros'.

En esa cueva fue enterrado Prudencio, un lugar que acabó convirtiéndose en un foco de peregrinación y donde se construyó un monasterio, el monasterio de Monte Laturce que hoy día está en ruinas pero que subsiste cerca de la localidad de Clavijo, en La Rioja. Durante mucho tiempo allí se conservaron y veneraron las reliquias del santo, reliquias que tienen su propia historia pero que si os parece dejamos para otro post...felices fiestas!!

martes, 18 de abril de 2017

Noche, sangre y penitencia en Vitoria.

Acabamos de pasar la Semana Santa y por tanto, como no dedicar un post al tema para así poder ver cómo celebraban esta festividad los antiguos vitorianos. Sabemos que antaño estos días eran muy distintos a como los conocemos hoy, sabemos que no eran vacacionales y que se vivían ante todo con gran fervor religioso... pero vamos a los datos, a los hechos documentados. 
 
'Picaos' de San Vicente de la Sonsierra (fuente: Inforural)
 
¿Desde cuando conocemos esta celebración en Vitoria? El calendario festivo oficial más antiguo que conozco en Gasteiz data del año 1483 y en él no aparece mencionada la Semana Santa como tal, sino sólo el día de la Pascua de Resurrección, que en dicho año cayó el último domingo de Marzo.
 
Desgraciadamente, casi no sabemos nada de cómo se celebraban estas pascuas en la Edad Media. Lógicamente estos días debían estar cuajados de celebraciones religiosas, pero esa imagen que hoy tenemos en la cabeza -con las procesiones como protagonistas- no empezó a darse hasta bien entrado el siglo XVI. Hay que decir sin embargo, que algunos historiadores apuntan a que estas procesiones tuvieron su origen en una suerte de escenificaciones teatrales que, al menos desde el siglo XIII, se vendrían realizando dentro de las iglesias los días de Jueves y Viernes Santo.
 
En principio -y mientras no se hagan nuevos descubrimientos que lo contradigan- la primera cofradía que sabemos procesionó en Vitoria, fue la de la Veracruz. Según nos cuenta el historiador Fray Juan de Vitoria –que vivió en el siglo XVI cuando se creó- la fundación de esta cofradía se debió a un fraile dominico (creo que venido del convento de San Pablo de Burgos) llamado Tomás de Chaves. Este monje intentó que la cofradía tuviese su sede, primero, en el Convento de Santo Domingo de Vitoria y después en el de San Francisco, pero las congregaciones de ambos monasterios se negaron a ello. Finalmente, fray Tomás logró el beneplácito de los parroquianos de la iglesia de San Vicente, donde con el tiempo llegó a construirse una capilla específica denominada como de la Veracruz (una capilla que últimamente se viene conociendo como Capilla de los Pasos -puesto que es donde precisamente ha habido costumbre de guardar los pasos de la Semana Santa vitoriana-.
 
Las cofradías actuales son de algún modo descendientes de aquella pionera, si bien no de un modo directo e ininterrumpido. Debido a diversos problemas y avatares históricos sucedidos intermitentemente entre finales del siglo XVIII y principios del XX, este tipo de organizaciones religiosas tuvieron que remodelarse, de modo que las que han logrado sobrevivir hasta el día de hoy son en realidad refundaciones o secciones derivadas de aquel tronco originario común que fue la primitiva Veracruz.

'Picaos' de San Vicente de la Sonsierra (fuente: El Universal).

Curiosamente para la época, la cofradía de la Veracruz era mixta. La única reticencia con las mujeres tenía que ver con el tema de la autoflagelación; según apuntan varios decretos, las mujeres cofrades tenían prohibido hacer disciplina. Los y las cofrades de la Veracruz procesionaban el Jueves Santo. Lo hacían bajo la dirección del cura-párroco de la iglesia de San Vicente y de los responsables de la propia cofradía, que eran el rector, los mayordomos y el capillero. Lo primero de todo, antes de salir a recorrer las calles, era la prédica a la que asistían los hermanos, con esta prédica el cura-párroco -o el religioso de turno- trataba de enfervorizar los ánimos de los y las participantes, para que de ese modo fueran conscientes del significado preciso que tuvo la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.
 
Conocemos con cierto detalle cómo transcurría la estación de penitencia de la Veracruz.  Por delante de la propia procesión iban el rector y los mayordomos de la cofradía abriendo camino. Cada uno disponía de una vara con la que se hacían respetar y mantenían el orden. La procesión propiamente dicha iba encabezada por el pendón y la cruz. Portar estos símbolos era todo un honor en la ciudad y por ello se decretó que sólo lo podían portarlos personas relevantes, elegidas por el rector y los mayordomos de la cofradía. Al pendón y la cruz los acompañaban en cabeza cuatro hachas o grandes velones sostenidos por otros tantos niños. Estos niños al tiempo que desfilaban iban rememorando en voz alta los acontecimientos la Pasión de Cristo.
Detrás de los niños y los portainsignias, iban avanzando los disciplinantes. Estos andaban descalzos y prácticamente desnudos -sólo sus partes púdicas estarían cubiertas-, pero lo más llamativo de ellos era que iban flagelándose las espaldas con látigos ganchudos, del mismo modo que aún hoy día hacen los llamados 'picaos' en San Vicente de la Sonsierra. La sangría seguramente era bastante importante, razón por la que de hecho las ordenanzas obligaban a que los rectores y mayordomos de la hermandad tuvieran preparados en su capilla de San Vicente 'fuego y lavatorio' para que al final de la procesión los flagelantes pudiesen curar sus heridas.
 
 
Procesión (fuente: El Confidencial).
 
Finalmente, y ya en una especie de tercera posición, desfilaban los cofrades no disciplinantes que llevaban túnica y sostenían cada uno una vela de cera verde. Sabemos además por algunos documentos que la cofradía disponía de varios pasos en los que se representaban las escenas más notables de la Pasión de Jesucristo, aunque no sabemos exactamente cuáles y cómo los porteaban (si bien cabe suponer que fuera a hombros). 
 
También conocemos el recorrido habitual de la procesión. Ésta salía de la iglesia de San Vicente por puerta que da aún hoy hacia el Norte, tomaba la calle del Calvario (que ahora conocemos como calle de las Escuelas) y se dirigía a Santa María, iglesia que atravesaba por el interior para luego dirigirse al convento de Santo Domingo (es decir, al lugar donde hoy día se encuentra el C.C. Aldave). Desde ahí el cortejo tomaba la calle Correría hasta llegar a lo que actualmente es la Plaza de la Virgen Blanca. Después tomaba el camino que ahora se ha convertido en la Calle Mateo de Moraza y alcanzaba las puertas de Convento de San Francisco -que estaba donde actualmente se encuentra el Gobierno Civil-. Finalmente, hacía un fuerte giro para volver de nuevo a su capilla de San Vicente, entrando esta vez desde la parte de la cuesta que discurre sobre la Plaza del Machete. Allí se rezaba una oración y concluía la procesión.
 
Y fin. Perdonad que hoy el post me ha quedado un poco largo, largo como probablemente era el cortejo procesional que os acabo de describir. Pensad que, cada vez que llegaba a un nuevo templo, al desfile de cofrades se iban añadiendo nuevos 'desfilantes': una nutrida representación de canónigos y beneficiados en Santa María, un grupo de monjes de Santo Domingo, y finalmente otro de frailes de San Francisco al llegar a su convento. ¿Os imagináis todo este despliegue en la noche de Jueves Santo? Un saludo.

martes, 11 de abril de 2017

Cuando los vitorianos arrasaron la aldea de Abendaño.

Hoy quiero hablaros de un curioso relato recogido en distintas crónicas y genealogías de finales del siglo XV debidas a la mano de Lope García de Salazar, un relato legendario difícil de aceptar al pie de la letra pero que -como bien señala E. García Fernández- "debió obedecer a un contexto histórico probablemente verdadero".

Iglesia de San Martín de Avendaño, único resto evidente hoy día de aquella aldea que rivalizaba con Vitoria.

Para el que quiera conocer el original, al final de este post he copiado la transcripción de las dos versiones más conocidas, para el que no, a continuación tenéis un breve resumen.

Groso modo, el relato en cuestión nos habla de la violenta rivalidad que enfrentaba a los habitantes de Vitoria y los de la aldea de Avendaño (encabezados estos últimos por los miembros del linaje apellidado también como Avendaño). Al parecer, el episodio culminante de esas tensiones se produjo cuando los de Vitoria acudieron a pedir consejo a su rey, el monarca Sancho de Navarra, y éste de forma muy gráfica (cortó con su espada las cabezas de unas berzas que tenía en su huerta) les recomendó que fueran directamente contra sus enemigos y los mataran a todos. Sin más dilación, los vitorianos siguieron el consejo de su rey. Se armaron y -aprovechando el factor sorpresa de la noche- partieron para arrasar la aldea de Avendaño. Según concluye el relato, en el ataque, murieron todos los miembros del citado linaje menos uno, un niño de apenas dos años que se salvó gracias a que su ama lo sacó a escondidas y lo llevó a Arratia, en Vizcaya, donde fue acogido por Sancho de Galdácano.

Aunque en la narración no se indican fechas concretas, podemos deducir que -de ser cierto- todo esto tuvo que suceder antes de la conquista castellana de Vitoria en el año 1200, pues los de Vitoria aún responden ante el monarca navarro. Concretar más, depende ya de a qué Sancho consideremos que se está refiriendo el cronista; los historiadores por lo general se han inclinado a pensar que se trata de Sancho VII el Fuerte, y algunos han sugerido incluso -desconozco en base a qué fundamentos- que el episodio tuvo lugar en el año 1194. Otros, yendo mucho más allá de lo que narra el citado relato, especulan además sobre si fueron aquellos Avendaño los que después, en venganza, provocaron el incendio que -según el Cronicón Burguense- asoló nuestra ciudad en el año 1202. 

Vista de la misma iglesia de San Martín desde su cabecera.

Esta última presunción se me antoja muy difícil de probar, no obstante, sea como fuere, estoy de acuerdo con E. García Fernández y otros, que aunque la narración de Lope García de Salazar no se pueda tomar como un relato fidedigno de los hechos, sí que al menos nos está revelando la existencia de una profunda rivalidad que enfrenta a los de Vitoria con los principales linajes caballerescos del entorno de la Llanada Alavesa (nótese la proximidad de Avendaño con el casco medieval de Vitoria, el enemigo estaba casi en casa).

Dada la probable fechación del hecho narrado, el dato creo que es interesante por su proximidad con el episodio del asedio de Vitoria de 1199/1200, ya que nos puede estar indicando que  la afinidad de alaveses y vitorianos con respecto a los reinos de Castilla y de Navarra estaba en buena medida mediatizada por rivalidades locales como ésta entre los de Avendaño y los de Vitoria. Muy probablemente tanto dentro de las murallas como fuera de ellas, había vitorianos y alaveses apoyando al monarca que mejor respondía a sus intereses particulares.

A continuación, para terminar, aquí tenéis las transcripciones originales de que antes os hablaba:    

1) Versión de las 'Bienandanzas e Fortunas' (Lope García de Salazar).
"En el tiempo que la Villa de Vitoria era del Reyno de Navarra, avia un linaje de cavalleros en una aldea çerca della, que llamavan e llaman agora Sant Martin de Avendaño, que eran poderosos en la comarca e fasian continamente muchos enojos a los pobladores de Vitoria, de lo qual todo el dicho Conçejo se enviaron querellar al Rey de Navarra su señor, e fallaronlo en una huerta mirando con algunos cavalleros que estavan con el, como le dieron su querella, tomó el una espada al mensajero dellos e cortó con ella unas dies caveças de verzas e dixoles: vos los de Vitoria sodes para poco que a los que asi bos fatigan debriades les faser como yo fise a estas verças. Con esto se fueron a la dicha villa, e acordados en aquello, todo el pueblo levantaronse una noche e fueron sobre aquellos cavalleros de Avendaño que alli fasian su vivienda, e sus palaçios, e eredamientos que estavan descuydados, e quemaronlos e mataronlos a todos con fijos e con mugeres, e con toda su generaçión, si no un moço fijo del mayor dellos, que era de dos años, que fuyó una ama que lo criava con el, e lo sacó de noche enbuelto en sus vestiduras, e fuese con el Arratia, e criolo alli don Sancho de Galdaçano, fijo del cavallero de Galdaçano, e creçido, e seyendo ya ome, ovo convençion con la dicha villa que tomase orden de la Yglesia, que no curase de fecho de cavallería e que entrase en la tierra, e fisieronlo Arçipreste de Alava" (1)

2) Versión de la 'Crónica de Vizcaya' (Lope García de Salazar).
"En Alaba cerca de la villa de Vitoria ay una aldea, que llama Sant Martín de Avendaño, e avía allí unos caballeros que se llamaban de Avendaño, e usaban mucho de soberbia contra los de la villa de Vitoria, que era entonces de Nabarra toda Alaba, e querelláronsele al rey de Nabarra, e él mandóles que los matassen. E un día, por enojo que les fisieron, armáronse todos los de la villa, e fueron sobre ellos, e mataron a todos los omnes y mugeres, que non quedó d'ellos sinon un moço de dos años, que lo furtó una ama que lo criaba. E criólo callando, e por le quitar de roido púsolo a la Orden e fue arcipreste de toda Alaba, e llamábanle don Pedro Urtis de Avendaño Muchorrico" (2) 

(1) Lope García de Salazar, Las Bienandanzas e Fortunas. Edic. de Ángel Rodríguez Herrero, Bilbao, 1984.

(2) Sabino Aguirre Gandarías, Las dos primeras crónicas de Vizcaya. Bilbao, 1986.

domingo, 2 de abril de 2017

¿Presencias apócrifas en el asedio?

Resulta curioso observar cómo a pesar del paso de los siglos, los sucesivos relatos cronísticos que nos hablan del asedio castellano -lejos de sucumbir al efecto inevitable de la desmemoria- se vuelven cada vez más ricos y detallados. Un buen ejemplo de esto lo tenemos en Esteban de Garibay, o más concretamente en su obra ‘Los quarenta libros del compendio historial de las chronicas y universal Historia de todos los Reynos de España’, publicada en Amberes entre los años 1570 y 1572 (yo para este post estoy manejando la edición de 1628). 


Posible aspecto de las tropas castellanas entrando en Vitoria tras la rendición de los defensores (A.Solé). 

Como es bien conocido, la obra de Garibay trata por separado cada una de las líneas dinásticas de los reinos peninsulares, razón por la cual la descripción del asedio castellano aparece duplicada (aunque no exactamente), primero, al abordar la genealogía de los reyes castellanos y, nuevamente, al analizar la de los reyes navarros. Veamos sin más dilación qué es lo que nos cuenta Garibay en uno y otro caso: 

“El rey don Alonso entró con sus gentes en la Provincia de Álava, en este año [para Garibay estaríamos hablando del año 1200 tal como podéis ver en el siguiente extracto que os transcribo], y puso cerco sobre la villa de Victoria. Cuyo assidio por la fortaleza del pueblo, y esfuerço de sus vecinos y presidios [es decir, guarniciones] saliendo largo la Provincia de Guipuzcoa, desseando tornar a la unión de la corona de Castilla, trató sus negocios y formas de asiento con el Rey don Alonso, al cual pidiendo que en persona entrase en ella, lo hizo así, dejando en la continuación del cerco de Victoria a don Diego López de Haro, con el exército. Concluydos los negocios, Guipuzcoa se encomendó al Rey don Alonso, poniendo en su poder fortalezas, que a la sazón avia en ella, con que el Rey volvió contento a continuar el cerco de Victoria. La cual hubo al cabo, y después hizo lo mesmo de toda Alava y Arraya” (Lib. XII, p. 142, del citado ‘Los quarenta libros…’). 


Portada del Compendio Historial de Esteban de Garibay

Mucho más adelante, al abordar la historia de los reyes de Navarra, vuelve a contarnos Garibay: “Congregó a sus gentes [Alfonso VIII de Castilla] y volvió a la guerra contra Navarra, y corrió la Provincia Álava en el mesmo año mil y dozientos, començando desde el río Bayas. Y puso cerco sobre Victoria, la qual en largos días se defendió valerosamente, porque sabida la venida de los castellanos, se habían encerrado dentro muchos naturales de la mesma tierra de Álava y Navarra con don Alonso Fernández de Guendulayn. Con lo qual y con el alto asiento del pueblo, y tener buen castillo, se hizo casi impugnable, sin que el Rey don Sacho viniesse a socorrerlo, ni aun tuviesse aviso de nada, hasta muy tarde, que ya les faltavan las vituallas y fuerças, con los continuos combates y escaramuças, en las cuales dizen algunos historiadores, que se halló el Rey de Aragón. 

A continuación Garibay nos narra el episodio en que Alfonso VIII abandona temporalmente el asedio de Vitoria para ir a hacerse con Guipúzcoa, la cual obtuvo, y luego prosigue: “Con tan buen sucesso el Rey de Castilla volvió contento al cerco de Victoria, y de tal manera fueron los cercados apretados, que començaronles a faltar vituallas, y viendo que Guipuzcoa se avia encomendado a Castilla, vinieron al cabo a tratar de medios. De todo lo que passava, avisó al Rey don Sancho don García Obispo de Pamplona, según escribe el Arçobispo don Rodrigo, y el Rey respondiendo, que el alçava el homenaje a los de Victoria, y que se diesen al Rey de Castilla con los mejores partidos y medios que pudiessen, y assi al al Rey don Alonso le fue entregada Victoria. En cuyo grande loor refiere don Fray García de Eugui Obispo de Bayona, que los cercados no se quisieron rendir, hasta que aún pasaron diez y siete días, después que ya tenían respuesta del Rey don Sancho, que les alçava el homenaje. Desta manera el Rey de Castilla, no sólo hubo a Victoria, más también a Álava toda, y a las tierras de Araya, fino fue a Treviño, y tomó a Irurrita [sic], y después a Marañon, Santa Cruz de Campeço, con todo el valle de Campeço, y en la Rioja otras fortalezas.” (Lib. XXIV, p. 170, del citado ‘Los quarenta libros…’). 


Retrato de Esteban de Garibay

No es mi intención desacreditar a Garibay, sin embargo, me gustaría apuntar que hay que andar con mucho cuidado antes de confiar en datos cuyo origen desconocemos, sobre todo si estos se encuentran recogidos en una crónica que fue escrita casi cuatrocientos años después de los hechos. Si os fijáis, en los textos que os he transcrito, Garibay sólo reconoce explícitamente dos fuentes, dos fuentes que hemos analizado en los anteriores posts y que son, Jiménez de Rada y García de Eugui.

Sorprendentemente, el relato del guipuzcoano incluye varios e importantes detalles de los que no nos hablaban estos dos autores que cita. De estos detalles, nos gustaría destacar tres: 

  • Al parecer, cuando alaveses y navarros supieron de los planes castellanos, muchos fueron los que se acantonaron en Vitoria, destacando entre ellos un tal Alonso Fernández de Guendulayn. 

  • Se apunta también que el rey aragonés, Pedro II (a la sazón aliado del monarca castellano), se habría encontrado también presente al pie de las murallas de Vitoria, al menos durante las primeras escaramuzas. 

  • Cuando Alfonso dejó temporalmente el asedio para ocuparse de los asuntos guipuzcoanos, al mando del ejército castellano habría dejado a un importante señor, Diego López de Haro. 


Hablamos como es evidente, de la presencia de tres personajes (dos en la partida castellana y uno en la navarra) que, de poder confirmarse, nos ayudaría a comprender cuál fue verdaderamente la envergadura del episodio. Sin embargo, antes de aceptar nada, deberíamos preguntarnos: ¿de dónde sacó los datos Garibay?, ¿a quién se está refiriendo el guipuzcoano cuando emplea la expresión ‘dizen algunos historiadores…’?, y por último; ¿por qué no se citan los nombres de estos historiadores, cuando de hecho sí se citan los de Jiménez de Rada y García de Eugui?

sábado, 25 de marzo de 2017

Diecisiete días más de esperanza

Y después de cuatro meses llega el prometido ‘siguiente post’, que es este post. Hubiera preferido no demorarme tanto, pero la publicación de mi tesis ha exigido un trabajo extra los fines de semana (que es cuando me suelo dedicar al blog). En cualquier caso retomo el tema donde lo dejé, es decir, analizando el asedio castellano a Vitoria de 1199/1200.

Posible 'ambiente' en lo alto de las defensas de Vitoria.

Antes de seguir leyendo, os recomiendo que refresquéis lo que ya dije en los anteriores posts, aunque puedo resumiros que básicamente consistía en recalcar lo desesperantemente escuetas que son las noticias que nos hablan del asedio, incluso en el caso de nuestra mejor fuente que es el relato de Jiménez de Rada (sin duda el cronista más próximo a los hechos que conocemos). Éste, más allá de contarnos en trazos generales cómo se desarrolló la campaña de ataques castellano-aragoneses, apenas nos dice nada sobre el cerco de Vitoria propiamente dicho; queda claro eso sí que éste fue excepcionalmente largo y que la resistencia fue decidida, pero no se entra en detalles.

Para aquél que aún no lo haya intuido, empezaré señalando que el relato de Jiménez de Rada es el que ha servido como modelo a la mayoría de historiadores que se han hecho eco del asedio de Vitoria hasta prácticamente llegar al siglo XX.

Que me conste, la primera variante que se documenta no aparece hasta finales del siglo XIV en la ‘Crónica General de España’, crónica que debemos a García de Eugui (un eclesiástico próximo a los ambientes cortesanos navarros que llegó a detentar el obispado de Bayona). García de Eugui al final de su relato del asedio añade lo siguiente:

"...dizen algunas canonicas [crónicas] que los de Vitoria, no obstant el mandamiento que tenían del rey don Sancho, después se tubieron XVII dias; en este tiempo, enbiaron sus mensageros por requerir al regno que les acorriesse et quando entraban estos mensageros por los grandes logares de Nabarra, entraban planteando, requerían acorro et desto fazían sus cartas publicas en cada hun lugar..." (transcripción de Carmen Orcástegui, 1978).

De modo que, a decir de Eugui, al parecer pudo ser que -aun cuando ya habían recibido permiso por parte del rey navarro para rendirse- los defensores de la plaza de Vitoria prefirieron seguir resistiendo aún unos días más para ver si los mensajeros que habían mandado a Navarra regresaban con alguna ayuda. Así habrían por lo visto aguantado otros diecisiete días más, hasta que no les quedó más remedio que rendirse definitivamente. Nadie quiso –si esta historia es cierta- venir en su socorro.

Retrato de Rodrigo Jiménez de Rada

Pero, ¿de qué crónicas extrajo Eugui este detalle? Y de haber tenido lugar el suceso, ¿por qué no lo recogió Jiménez de Rada en su relato? Estas son preguntas imposibles de responder, al menos por ahora. Debemos advertir sin embargo que no era extraño entre los cronistas*, aludir a fuentes de dudosa fiabilidad o directamente inexistentes, con el fin de añadir algún detalle apócrifo que reforzase su argumentación o que concediese mayor dramatismo a un episodio como este del asedio que nos ocupa.

Con esto no quiero techar a Eugui por falsario, sólo digo que debemos ser precavidos. En realidad, no tenemos pruebas de peso para desconfiar sin más del obispo baionés, pues de hecho las últimas investigaciones sobre su 'Crónica General de España' apuntan que Eugui en su relato no sigue a Rada directamente, sino que se basa -entre otras referencias- en la "Estoria de los Godos" que es una versión anónima y traducida al romance de la Historia de Rada.

[*] Agradezco sus comentarios a profesor Jon Andoni Fernández de Larrea (UPV/EHU).

domingo, 27 de noviembre de 2016

El asedio castellano a Vitoria (1199/1200) en palabras de Rodrigo Jiménez de Rada

Seguro que muchos os sorprenderéis al saber que (aparte lo comentado en el anterior post) prácticamente todo lo que sabemos sobre el famoso asedio castellano de 1200 cabe en un par de párrafos de poco más de diez líneas. A mi me pasó lo mismo; ¿cómo podía ser que todo lo que se había escrito después, todo lo que los historiadores habían elucubrado sobre el cerco a Vitoria, se basase en un texto más corto que el de una receta de cocina?

¿Se dieron acaso intentos de asalto a las murallas? (Imágenes: Mount & Blade)

Durante un tiempo pensé que esa 'sorpresa' no era sino consecuencia de mi propia ignorancia, después de todo aún no controlaba bien cuáles eran las fuentes para la historia de Vitoria. Pero no, resulta que no me equivocaba; eso era todo lo que había. 

De hecho, para que veáis lo corta que es la referencia que ha dado pie a todo lo que después se ha dicho, puedo permitirme 'el lujo' de reproducirla íntegramente en este post. Se trata de un breve pasaje de la obra del arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada, en concreto de su crónica 'De rebus Hispaniae' que dice así [el texto original está en latín, así que sáltate si quieres el siguiente párrafo, que después lo he puesto traducido]:

"Post hoc rex nobilis Aldefonsus volens regis Navarrae injurias vindicare, cum rege Aragonum fideli amico congregavit exercitum in Navarram, et obtinuerunt Ruchoniam et Ajuare, que regi Aragonum provenerunt. Obtinuerunt etiam Inzuram et Mirandam, quae regi nobili remanserunt. Et sic uterque regum, patratis variis vastationibus, ad propria est reversus. Iterum autem rex Castellae nobilis Aldefonsus coepit Ibidam et Alabam infestare, et obsidione diutina Victoriam impugnavit. Interim autem Sancius rex Navarrae fortis viribus, armis strenuus, sed voluntate propria obstinatus, regno discrímini derelicto, cum paucis magnatibus migrationis comitibus ad Arabes transmigravit, et eis aliquamdiu commorans nuntios quod ad Miramomeninum Transtyrrhenum transmiserat exspectavit. Quibus pecunias et denaria reducentibus, rex nihilominus deductionis causa peragrans Arabum civitates, et in eorum patria morabatur. Interim autem obsessi, Victoriae pugnis et laboribus fatigati, et defectu victualium macerati, in deditionis periculum inciderunt. Sed venerabilis Garsias Pampilonensis episcopus libertatis studio gratiosus, cum famis periculum comperisset, ad regem Sancium in terram Arabum cum obsessorum aliquo festinavit, qui rei exposita veritate, a rege obtinuit ut regi Castellae Victoria traderetur. Qui rediens tempore constituto cum eo milite, quoniam obsessi Victoriae destinarant, regis Sancii mandatum exposuit, ut regi Castellae Victoria traderetur. Obtinuit itaque rex nobilis Aldefonsus Victoriam, Ibidam, Alabam, Guipuscuam et carum terrarum munitiones et castra, praeter Trevenium, quod fuit postea commutatione Inzurae datum sibi. Mirandam etiam dedil commutatione simili pro Portella. Sanctum Sebastianum, Fontem Rapitum, Beloagam, Zeguitagui, Aircorroz, Asluceam, Arzorociam, Victoriam veterem, Maranionem, Aussam, Athavit, Iruritam et Sanctum Vicentium, adquisivit. Verum rex Navarrae rediit onustus muneribus Agareni, sed exoneratus praedictis omnibus et honore".

¿Cuántos guerreros profesionales defendieron la villa? (Imagen: Mount & Blade)

La traducción que a continuación transcribo procede de la obra 'Introducción a la Historia medieval de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya en sus textos', un trabajo de 1979 dirigido por J.A. García de Cortázar. He detectado algunos errores, pero en esencia puede valernos, y dice:

'Después de esto, el noble rey Alfonso, queriendo vengar las injurias del rey de Navarra, congregó con su fiel amigo, el rey de Aragón, un ejército contra Navarra y obtuvieron el Roncal y Aybar, que tocaron al rey de Aragón. Obtuvieron también Insura y Miranda [de Arga], que quedaron en poder del noble rey. Y así ambos reyes, realizadas algunas devastaciones, volvieron a sus tierras.

De nuevo, sin embargo, el rey de Castilla, Alfonso el Noble, empezó a invadir Ibida [hoy condado de Treviño] y Álava y combatió durante un largo asedio Vitoria. Mientras tanto, Sancho, rey de Navarra, fuerte y vigoroso, valeroso en las armas, pero obstinado en sus propósitos, abandonando el reino a su suerte, se marchó a tierras de los árabes con pocos magnates, compañeros de emigración, y, viviendo entre ellos durante algún tiempo, esperó la vuelta de emisarios que había enviado al Miramamolín ultramarino. Y habiendo éstos traído dinero y regalos al rey, sin embargo, distraído de su causa, continuó recorriendo las ciudades de los árabes, morando en su tierra.

Al mismo tiempo, los sitiados de Vitoria, fatigados por las luchas y trabajos y extenuados por la falta de víveres, vinieron a situación de tener que entregarse. El venerable García, obispo de Pamplona, cuidando generosamente de su libertad, como comprendiese el peligro del hambre, se fue apresuradamente al rey Sancho en tierra de los árabes, con uno de los sitiados, y expuesta la realidad de las cosas, obtuvo del rey que se entregase Vitoria al de Castilla. Volvió en el tiempo marcado con aquel caballero que habían enviado los sitiados de Vitoria y expuso la orden de Sancho de que se entregase Vitoria al rey de Castilla. Obtuvo de este modo el noble rey Alfonso, Vitoria, Ibida, Alava y Guipúzcoa con sus plazas y castillos, excepto Treviño, que en trueque de Inzura le fue después dado. Dio también del mismo modo Miranda [de Arga] por Portilla. Adquirió San Sebastián, Fuenterrabía, Beloaga [valle de Oyarzun], Zaitegui, Aizcorroz [Arlabán], Arlucea, Arzorocia, Vitoria la Vieja, Marañón, Ausa [Elosu], Ataun, Irurita y San Vicente [de Arana]. Ciertamente, el rey de Navarra volvió cargado de regalos del Agareno, pero despojado de todo lo dicho y del honor'.

Eso es todo. Fijaos en que tan sólo lo que he remarcado en negrita se refiere directamente a Vitoria, el resto del relato lo he dejado para que podáis tener una idea del contexto en que se produjo el asedio. No es mucho, ¿verdad?

¿Quiénes formaban el grueso de las tropas de Alfonso VIII? (Imagen: Mount & Blade)

Cierto es que esta nota no tiene por qué ser menos significativa por el simple hecho de ser tan corta, y precisamente por eso lo que no deja de sorprenderme es que los historiadores hayamos preferido quedarnos con lo evidente del relato cuando son tantas las interrogantes que plantea. Por ejemplo; ¿por qué el autor del texto -uno de los principales miembros de la corte castellana- se toma la molestia de resaltar el papel y la bondad del obispo de Pamplona, y silencia por contra el nombre del caballero gasteiztarra que lo acompañó en busca del rey Sancho?, y por cierto; ¿qué hacía Sancho 'en tierra de los árabes'?, ¿qué pinta en esta historia el tal 'Miramamolín ultramarino'? En los siguientes post intentaré despejar éstas y otras incógnitas, puesto que son claves para intentar entender en profundidad este episodio histórico.

domingo, 20 de noviembre de 2016

¿Ayudó el castillo de San Vicente en el asedio de 1200?

Por distintos motivos, son muchos los acontecimientos históricos que cada cierto tiempo vuelven a ponerse de actualidad. En el caso de Vitoria es lo que últimamente está pasando con el famoso asedio del año 1200, un transcendental episodio bélico en el que probablemente el castillo de San Vicente del que vengo hablando en los últimos post debió jugar un papel clave; por desgracia, son muy escasos los datos que han llegado a nosotros para permitirnos siquiera atisbar qué sucedió realmente.

Asalto a una ciudad sitiada según las Cantigas de Santa María de Alfonso X

Investigar en Historia es algo parecido a entrar en una habituación a oscuras; los datos históricos son como pequeñas luminarias que no dan demasiada luz, luminarias que más que ayudarnos a ver el pasado apenas nos dejan intuirlo, y frente a las cuales debemos mantenernos alerta, pues en ocasiones pueden ser sólo falsos reflejos en un espejo de pared.

Lo que quiero decir es que no todos esos puntos de luz tienen las mismas cualidades 'lumínicas', y por eso me gustaría empezar este post distinguiendo dos tipos de fuentes; por un lado, los documentos de tipo administrativo y, por otro lado, los relatos cronísticos. En los primeros -como podría ser por ejemplo el texto de un fuero- nos encontramos con datos que no han sido inscritos con una intencionalidad histórica; sus autores sólo pretendían que tuvieran una aplicación jurídico-administrativa práctica. Sin embargo, en los segundos, sí que existe la intencionalidad de transmitir un relato histórico; las crónicas no contienen por así decir datos 'en bruto' como los anteriores, sino datos 'procesados' por el historiador -o los historiadores- que han creado la narración

Es por ello, que en principio, los datos procedentes de documentos administrativos resultan ser por lo general de mayor fiabilidad, ya que no se han creado con la intención de generar memoria histórica. Pero no estamos los investigadores tan sobrados de información como para desestimar las fuentes cronísticas, sobre todo cuando éstas son la única luz posible para ciertos períodos históricos. Eso no quita sin embargo para que debamos tomarlas con mucho cuidado.
Centrándonos en el asedio del año 1200 hay que decir que casi todo lo que sabemos, lo sabemos gracias a las crónicas, por ello prefiero empezar hablando de los escasos datos  procedentes de la documentación administrativa con que contamos. Casi todo documento de este tipo contiene una fecha -la del momento en que fue confeccionado-, una fecha que a veces era costumbre acompañar con una referencia a algún evento importante que estuviese teniendo lugar al mismo tiempo. Pues bien, en el caso del asedio de Vitoria disponemos del interesante ejemplo de un registro de la Catedral de Pamplona que dice: '...facta carta anno domini MCC quo villa de Vitoria tenebatur obessa...". Su traducción sería más o menos ésta: '...hecho este documento en el año del Señor de 1200 en que la villa de Vitoria se encontraba en estado de sitio...'.

No creo que el panorama que tenían ante si los sitiados en Vitoria fuera muy distinto de este de la ficción de 'Juego de Tronos'

Asimismo, como prueba de que el propio Alfonso VIII de Castilla participó directamente en el cerco, contamos con algunos documentos administrativos emitidos por su cancillería, unos documentos que recogen explícitamente el dato de que su firma se produjo estando el monarca asentado en el propio campamento de asedio. Dichos registros finalizan con expresiones del tipo: '...iacente cum exercitu suo in Navarra super Victoria...' ('...yacente con su ejército en Navarra sobre Vitoria...') o '...facta carta in obsidione Bitorie...' ('...hecho este documento en el asedio de Vitoria...').

Al parecer, asediados y asediantes, no se mantuvieron estáticos en sus posiciones, hecho que podría estar confirmando por una referencia del historiador Moret que asegura conocer un registro  del año 1203 en el que Alfonso VIII premia su labor al maestro Diego 'por los heridos que curó en el cerco de Vitoria del año 1200'.

Desgraciadamente, más allá de estos, no son muchos más los datos de tipo administrativo de que disponemos, aunque, por el papel que posiblemente jugaron en el asedio, no podemos dejar de hablar de los últimos tenentes -o jefes militares- que tuvieron a su cargo (por delegación de Sancho VII el Fuerte de Navarra) la defensa de la plaza vitoriana. Nos referimos a 'Petro Remirez' y a 'Martino Chipia'.

Para quien lo desconozca,  debemos advertir que también era un método habitual en los registros administrativos navarros, el complementar la fechación de calendario, con la citación de los jefes militares (tenentes) en activo en el reino justo en ese momento. Es gracias a estos listados - y si hacemos un seguimiento pormenorizado de la documentación- que podemos constatar cómo 'Petro Ramiriz' estuvo al mando de la tenencia de Vitoria entre los años 1184 y 1198, y cómo su sustituto fue 'Martino Chipia' que sabemos se mantenía como jefe militar de la antigua Gasteiz todavía en febrero de 1199. Y hasta aquí puedo leer...

Como digo, aparte de estos escasos datos jurídico-administrativos, lo poco que sabemos del asedio y conquista de Vitoria procede fundamentalmente de la crónica del Arzobispo Jiménez de Rada, una crónica con interesantísimas implicaciones que requiere sin embargo una larga explicación que debo dejar para el siguiente post...

viernes, 11 de noviembre de 2016

¿Qué sabemos sobre el origen del castillo de San Vicente?

[Todo lo que a continuación voy a contaros sobre San Vicente no es sino un pequeño extracto de mi tesis doctoral, tesis a la que me remito para quien busque mayores y mejores aclaraciones. Con todo, precisamente porque su publicación es inminente, no me resisto a hacer algún adelanto de contenido en el blog.]

Vista de la parroquia de San Vicente según Google Earth

Pues bien, aunque como explicaré más adelante, existen indicios que sugieren una mayor antigüedad, la primera noticia inequívoca que nos habla de la existencia del templo de San Vicente la tenemos en el acta de cierta reunión del Cabildo de la Universidad de Parroquias de Vitoria que se fecha en el año 1288; según se explicita en dicho acta, la reunión tuvo lugar precisamente en el templo vicentino. No es ésta sin embargo la única mención que conozco; se registran otras de parecidas características en los años 1291, 1299, 1353 y 1375.

Además de textuales, disponemos de otro tipo de pruebas que nos informan de la funcionalidad religiosa de San Vicente, pruebas materiales que aún se conservan hoy día entre las cuatro paredes de la actual iglesia. Hablamos por ejemplo de la tumba del Chantre Nicolás Ortíz de Soto. Este sepulcro se ubica en un lateral de la Capilla Mayor y fue confeccionado -según dice la inscripción de su lapida- el año 1349 (también a ese mismo siglo XIV parece pertenecer la efigie de otro enterramiento anónimo que se trasladó y hoy podemos ver en la Capilla de la Virgen de la Milagrosa).

En consecuencia, si aunamos registro escrito y registro material, parece seguro que durante al menos los siglos XIII y XIV, San Vicente fue templo y cementerio al mismo tiempo.

Lauda sepulcral del Chantre Nicolás en San Vicente (foto: A. Peña Resa) 

Ahora hablemos del castillo; ¿más allá de las hipótesis de cronistas e historiadores, qué pruebas tenemos sobre que San Vicente fue también un castillo? Al respecto, son varios los documentos de que disponemos, sin embargo yo empezaría a 'tirar del hilo' partiendo de uno de los más explícitos, un pleito entre comerciantes del año 1484 donde se recoge la siguiente frase: "...para que hayan de facer e fagan en la dicha plaza desde la puerta de la Pintorería fasta la iglesia de San Vicente del Castillo sus tiendas postizas".

Como digo, ésa es una de las referencias documentales donde más claramente se ponen en relación el término 'castillo' con el lugar de 'San Vicente'; de hecho, la expresión elegida -'iglesia de San Vicente del Castillo'- parece sugerir que el castillo era una suerte de gran contenedor y la iglesia tan sólo una de sus partes. Por lo demás, gracias a una real cédula de los Reyes Católicos de ese mismo año de 1484 sabemos que el alcaide de la fortaleza fue conminado de abandonarla para proceder a su derribo y convertirla en el templo que hoy día conocemos.

Algo así me imagino Gasteiz a principios del XII con el castillo de San Vicente al fondo.

Ese fue el punto y final de San Vicente como castillo, no obstante existen múltiples noticias que nos informan de su trayectoria anterior. Sabemos por ejemplo que esta fortaleza fue objeto de constantes disputas en tiempos de la lucha de bandos; sabemos que unas veces estuvo bajo el control de los Ayala y otras bajo el de los Calleja, y que su traspaso de unos a otros fue por lo general cruento, es decir, no por designio real, aunque en teoría eran los monarcas los únicos que podían nombrar a su alcaide. Uno de estos episodios de violencia se saldó en 1468 con la voladura de una parte del fuerte; de otro, sucedido hacia 1406, he tenido conocimiento gracias a los Anales de Vizcaya,  que dicen textualmente:

"En la ciudad de Vitoria hubo un linaje dicho la Calleja, el qual hubo en su poder la fortaleza de la ciudad; y una noche de Navidad, estando descuidados, les escaló el fuerte Juan de Salinas, que servia a D. Pedro Manrique, Conde de Treviño, que era frontero de Navarra, por el Rey D. Juan; y así apoderado de la fortaleza, le entregó la ciudad".


Heráldica de Martín de Salinas en el Palacio de Villasuso

A título de curiosidad os comentaré que el citado Juan de Salinas es antepasado directo de Martín de Salinas, ese importante personaje que en el siglo XVI construyó el Palacio de Villasuso. Pues bien, si os fijáis en los escudos heráldicos de la fachada de este palacete, comprobaréis cómo, en uno de sus cuarteles inferiores, aparece representado un castillo del que sale una escalera; según señala la tradición, la escalera conmemora el episodio heroico que acabamos de relatar y, como no, el castillo no sería otro que el de San Vicente.

Seguiré hablando del castillo en el siguiente post...

miércoles, 2 de noviembre de 2016

El castillo de Vitoria y la necesidad de excavar en San Vicente (I)

Resulta paradójica la forma en que hoy día difundimos la información. Para llegar a la médula cerebral de la gente y no sucumbir bajo la montaña diaria de noticias, tenemos que buscar titulares cortos y directos (y si son polémicos o provocadores aún mejor). No me gusta, pero me temo que en esto no hay mucha opción, es al parecer lo que el público actual pide.

Reconstrucción de una mota normanda en Newcastle (K.Wilson)
¿Pudo tener en algún momento esta apariencia el castillo de San Vicente?
El problema en mi caso, es que creo que estos mecanismos de difusión informativa son escasamente compatibles con la realidad de la investigación histórica. En efecto, cuando se trata de hablar de Historia, el reduccionismo de esos titulares tan directos suele generar en el público la falsa idea de que se los historiadores hablamos de certezas 'absolutas', cuando en realidad creo que ningún investigador puede hablar de otra cosa que no sean deducciones mejor o peor razonadas, en base a datos y fuentes más o menos sólidas. 

Voy a plantearlo de otro modo. Creo que el 'buen' historiador -o el 'buen' arqueólogo- debe ser ante todo un 'buen' razonador, que los datos y las fuentes son claves, pues son los 'ladrillos' fundamentales de ese edificio que es la Historia, pero también que para construir una casa, no basta con 'tener ladrillos'; se precisa del 'buen saber hacer' de un 'albañil' que tenga criterio, criterio no sólo para escoger entre la materia prima disponible, sino también para componer una estructura sólida y coherente a partir de las piezas que tiene a su alcance.

Ahora bien, conviene recordar que los edificios que construyen esos 'albañiles de la Historia' que somos los historiadores, los arqueólogos (y, por supuesto, los colegas de otras muchas disciplinas), son necesariamente edificios en constante transformación, sometidos a continuas críticas, revisiones y reformas; son, en definitiva, hipótesis perpetuamente mejorables. Y aquí es donde quería llegar, a la idea de la 'hipótesis', porque para mí, los mejores titulares en Historia -los más sinceros, francos y verídicos- son aquellos que explicitan claramente en su enunciado que se está hablando de una hipótesis.

Titular en el períodico El Correo (27/10/2016)
El problema con este tipo de titulares es que no suelen resultar, ni cortos, ni directos, ni atractivos para el público en general. Por eso ya no me agobio al leer aquellos que, en prensa o en radio, generan mis reflexiones sobre los orígenes de Gasteiz (tiendo a pensar -por lo tajantes que resultan- que acaban sonando presuntuosos, pero quizá sólo sea mi impresión). He decidido no preocuparme más por que los periodistas hagan -como bien saben de hecho- su trabajo (por mi parte siempre les atenderé gustosamente), que lo hagan, que ya me encargaré yo de hacer el mío, por ejemplo en este blog, donde puedo escribir con mayor sosiego para todos aquellos que tengan tiempo y ganas de conocer los datos y razones últimas sobre las que fundamento mis hipótesis, independientemente de la noticia.

Pues bien, hablando de titulares, uno de los más recientes (¡gracias @frascogongora!), enfatizaba una idea que expresé en una reciente conferencia; el titular decía: "Hay que excavar bajo San Vicente para conocer el origen de Vitoria".

Es cierto, las letras de molde expresan un pensamiento que me ronda en mente cada vez con más insistencia, una idea compleja y con matices, que voy a comenzar a desglosar en este post con mayor tranquilidad, abordando en primer lugar la cuestión del castillo que -sabemos- existió en la citada iglesia de San Vicente; ¿qué queda de él?, ¿cómo era?, ¿desde cuando existió?, son múltiples las interrogantes.

Aspecto de San Vicente desde la Plaza del Machete.
A fecha de hoy, no me consta que nadie se haya preocupado en exceso por entrar a analizar la importante cuestión del castillo de Vitoria; de hecho, en las últimas décadas sólo se ha hablado del tema cuando había que explicar los orígenes de la iglesia. Sin embargo, al poco de entrar en cuestión con motivo de mi tesis doctoral, me di cuenta que en el tema de San Vicente había aún 'mucha tela por cortar', empezando por aclarar algunos malentendidos.

El primero de esos malentendidos tiene que ver con el hecho de que, tradicionalmente, se viene insistiendo en que su fábrica habría funcionado primeramente como castillo y luego como iglesia (castillo desde los tiempos de Sancho VI de Navarra hasta los de los Reyes Católicos, e iglesia de ahí en adelante). Debido a ello, San Vicente venía siendo considerada la más moderna de todas las parroquias de la parte vieja de la ciudad.

Pues bien, son múltiples los documentos -por ejemplo los del Cabildo de la Universidad de Parroquias- que contradicen esa idea y confirman que, desde un principio, en San Vicente se compatibilizaron los usos religiosos con los militares. En el siguiente post entraré a desglosarlos.

(continuará...)

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